Revista Digital de la
Academia Boliviana de Ciencias Jurídico Penales

ISNN Nº 1999-5377

 

RD.ABCJP   Nº 2,  Junio 2008

Cita: Fernholz Ruiz, Enrique: Imputación objetiva: breve enfoque de su problemática. Rev. Dig. Acad. Bol. Cienc. Jurid. Penal, (en linea) RD.ABCJP Nº2 06-2008 Disponible en Internet : http://www.nunezdearco.net/ABCJP/R.D_2_fernholz.htm ISSN   1999-5377


 

IMPUTACIÓN OBJETIVA: BREVE ENFOQUE DE SU PROBLEMÁTICA  *

 

Enrique Fernholz Ruiz

 Catedrático de derecho Penal de la universidad Católica Boliviana “San Pablo”,

ex juez instructor en lo Penal,

ex vocal de la R. Corte Superior del distrito de La Paz.

 

* Ponencia presentada en el Segundo Seminario Internacional de Actualización en Derecho Penal realizado en el auditorio del Ilustre Colegio de Abogados de La Paz el 22 de febrero de 2006.

 

1. Introducción

La imputación objetiva se ha convertido en uno de los temas controversiales más fascinantes que plantea la dogmática penal actual, con el replanteamiento de temas clásicos como la estructura del concepto de delito, o la eficacia del concepto de acción como elemento previo a la tipicidad, como nuevos ingredientes que han añadido otros temas de discusión al desarrollo del derecho penal.

De la misma forma que el racionalismo se impuso en el siglo XVIII emergente de las fuentes escolásticas, hay que también mencionar a VON LISZT, quien construyó su sistema a partir de aportaciones de PUFFENDORF y al propio padre del finalismo WELZEL, quien crea el concepto final de acción, partiendo del principio de la finalidad del actuar humano que ya había sido planteado por FILANGHERI y IHERING.

No es necesario profundizar en la evolución del concepto de delito que tienen las distintas concepciones filosóficas, para concluir que los nuevos planteamientos que analizan el actuar humano respecto al delito, demuestran que en realidad constituyen teorías recicladas con nuevas reinterpretaciones, del concepto de delito.

Como consecuencia del desarrollo doctrinal, el delito doloso de acción ha dejado de ser el paradigma más representativo de las "formas" de delitos, en cuya estructura se basaba la teoría del delito. Las nuevas tendencias sociales y la evolución humana reclama por si sola, nuevas tipificaciones de delitos por imprudencia y omisión en todas sus formas, las mismas que parten del análisis de doctrinas de teoría del delito que supuestamente habrían sido desechadas por el tiempo.

Estas dos categorías de delitos, en cierta forma relegadas, pasan a ser consideradas  "formas imperfectas del delito doloso" adquiriendo cada vez mayor importancia en la nueva dogmática penal, obligando a la revisión del significado de elementos importantes del delito: los mismos que forman parte del ejercicio de subsunción del hecho en el tipo (elementos objetivos del tipo de injusto).

Para ello, dentro del análisis de la teoría del delito se debe tener en cuenta que la tipicidad implica la atribución de un hecho a una persona, pero no es simplemente una relación causal, ni simplemente queda reducida a la acción. En la tipicidad intervienen elementos descriptivos, normativos y subjetivos y así fue distinguido ya sea como acción que causa algo en la posición teleológica, o como elemento básico de la acción en el finalismo. De donde se concluye que la tipicidad implica que una cuestión puramente natural resulta decisiva como criterio de atribución que es un juicio eminentemente valorativo, pero de las cuales está alejada la teoría de la imputación objetiva que se encarga de determinar las propiedades objetivas que han de concurrir en un comportamiento para que éste sea imputable a un autor y después iniciar el análisis de la responsabilidad penal.

Para solucionar dicho análisis, la doctrina debió resolver dos cuestiones de carácter y trascendencia general.

1.- las condiciones o presupuestos, que han de cumplirse para poder atribuir a un autor un comportamiento.

2.- la ubicación sistemática, dentro del concepto de delito, de tales presupuestos o condiciones.

  

2- Los criterios normativos de imputacion y la teoría de la imputación objetiva 

I.- Para constatar la existencia de nexo causal entre acción y resultado se ha de realizar, previamente por el juzgador un juicio ex-post de carácter naturalístico. El siguiente paso será comprobar si ese comportamiento es imputable a su autor como productor de un resultado. Basado en criterios orientativos tendentes a excluir aquellos comportamientos que, pese a ser causales, no pueden ser imputables ya desde un punto de vista objetivo -antes de pasar al tipo subjetivo. Criterios de carácter normativo y derivados del fin del Derecho penal han sido agrupados y sistematizados por la denominada teoría de la imputación objetiva, como criterios de imputación.

La teoría de la imputación objetiva nace de la evolución de las teorías causales que intentaban restringir el amplísimo concepto de causa de la teoría de la equivalencia de condiciones, aportando argumentos para explicar porqué determinadas acciones que desde el punto de vista natural eran causa no podían, sin embargo, ser consideradas típicas, sin necesidad de acudir al correctivo de la culpabilidad (dolo o culpa) que quedaba demasiado lejos.

La teoría de la imputación objetiva se impuso en Alemania a partir de los años 70, gracias al giro hacia una dogmática penal fundada en  razones político criminales que han permitido la superación del antiguo dogma causal. Para ello, ROXIN parte de la justa observación de que "la construcción sistemática y conceptual penal, conforme a la tradición continental europea (y sobre todo alemana) ha sido dependiente siempre de las tendencias filosóficas y no de las tendencias político criminales. Para superar los inconvenientes de abstracción excesiva y alejamiento de las soluciones ofrecidas de las necesidades reales, ofrece dos vías de solución: "En primer lugar, los problemas dogmáticos cuya solución no tiene influencia en la punibilidad, pueden y deben ser dejados de lado. Y en segundo, el sistema jurídico penal ha de ser de tal modo concebido que los conocimientos obtenidos a través de él, no requieran de corrección posterior. Para la obtención de estos fines es necesario dos cosas: los conceptos jurídicos de la Parte General tienen que ser determinados desde sus consecuencias jurídicas y su conexión sistemática tiene que originarse en criterios directrices político-criminales".

La teoría de la imputación objetiva debe sus presupuestos inicialmente a la teoría de la causación adecuada y a la teoría de la relevancia, por lo que, esta formulación estricta de la teoría de la imputación objetiva es básicamente de aplicación a los delitos de resultado (no a los delitos de mera actividad) y en especial, a los delitos imprudentes, donde realmente el problema causal puede plantear problemas (que en los delitos dolosos podrían ser solucionados por la inexistencia del dolo, como elemento subjetivo del tipo).

Desde otro punto de vista, sin embargo, la teoría de la imputación objetiva se enmarca en una visión funcionalista del Derecho penal y responde a unos parámetros que trascienden el ámbito del tipo objetivo y se manifiestan en todas las categorías del delito. Esta corriente asigna a la teoría de la imputación objetiva una mayor implicación en la determinación del concepto de delito, desde una visión funcionalista y normativista del Derecho penal.

Esta postura conlleva el riesgo de caer en la tentación de convertir de nuevo la tipicidad en el estudio de la "acción". Recuérdese, por ejemplo, el concepto ultranormativo de acción propuesto por JAKOBS y certeramente criticado por SCHUNEMANN. La acción definida como "el hacer responsable al culpable por una lesión de la validez de la norma (Sich-schuldhaft-zuständig-Machen für einen Normengeltungsschaden) en definitiva no es más que un concepto material de delito.

Junto a ello se observa una tendencia a sustituir criterios hasta ahora considerados "seguros" (ontológico-normativos de carácter científico natural) por criterios lógico-valorativos o jurídico-normativos (también valorativos).

II.- La Teoría General del delito  se ha construido fundamentalmente a partir del delito doloso, relegando a un segundo papel al delito imprudente, porque históricamente las acciones imprudentes no tenían la trascendencia lesiva que hoy en día  han adquirido en el ámbito de una sociedad donde la actividad humana se realiza en medio de crecientes riesgos lo que explica que la punición de la imprudencia fuera una excepción.

Para el causalismo, la diferencia entre el delito doloso y el imprudente había que encontrarla en la culpabilidad de forma que la tipicidad era idéntica en uno y otro caso. El finalismo, pese a sus esfuerzos, tampoco logró nunca despegar de la inicial consideración de la imprudencia como una "forma minuciada de actividad humana", como "dolo defectuoso" y ni explicar razonablemente la estructura de la imprudencia. Aunque es cierto que esto tampoco lo había hecho la teoría causal. Sin embargo, el finalismo si consiguió extender la idea de que se podía distinguir ya en la tipicidad entre delitos dolosos y delitos imprudentes, si bien se encontró con grandes dificultades para definir de forma autónoma la tipicidad imprudente.

El agotamiento de las tesis del finalismo y la necesidad de acabar con la lucha de escuelas y unificar el concepto de delito, impulsó a la doctrina, bajo el influjo del funcionalismo neokantista, a profundizar en aquellas cuestiones que habían sido admitidas tanto por finalistas como por neoclásicos en un importante esfuerzo superador de las diferencias doctrinales acerca del concepto y estructura del delito. Se impulsa de esta forma la teoría de la imputación objetiva como uno de estos puntos de encuentro, la cual analizada bajo el prisma normativista y globalizador imperante, inicia un movimiento expansivo para extenderse a todas las formas de delito englobando unitariamente y sistematizando en una única construcción todos los criterios normativos fundamentadores de la tipicidad en cualquiera de sus formas -pero que actuarían también en sentido negativo casi como las causas de justificación- y que posteriormente, continuaría afectando a la propia estructura y concepto de delito. En este sentido, el esfuerzo sistematizados de la teoría de la imputación objetiva ha sido muy importante para clarificar y desarrollar el contenido de la acción de la tipicidad objetiva, que hasta esta teoría no había roto, de hecho, con un concepto de acción de origen causalista, puesto que, los finalistas mayoritariamente seguían admitiendo un concepto general de acción delimitado por la teoría de la condición -en muchos casos, además como elemento previo al concepto del delito-. Pero la teoría de la imputación objetiva logra impulsar definitivamente el desarrollo conceptual de algunos elementos que se encontraban ya en el concepto germinal de acción previo a VON LISZT, para intentar reexplicar la tipicidad objetiva.

Ahora bien, aplicar los mismos criterios de imputación tanto a los delitos dolosos como a los imprudentes, a los de acción y a los de omisión, origina duplicidades y complicaciones innecesarias, lo que constituye el punto más criticado de la formulación de la teoría de la imputación objetiva.

 

3.- Accion e imputacion

 

Aunque la discusión acerca del concepto general de acción ocupó durante mucho tiempo a la doctrina y las diferencias entre las diversas posturas (sobre todo entre causalistas y finalistas) parecían irreconciliables, en la actualidad, la discusión en torno al concepto de acción ha perdido virulencia y la doctrina intenta reconducirla a términos más modestos, pero más prácticos. Por ello, la acción ha pasado para muchos autores de ser un elemento previo a partir del cual se definía el delito, a ser el primer elemento de la tipicidad. A la doctrina penal actualmente no le interesa un concepto a priori de acción, sino "la acción típica", esto es, la acción seleccionada por el legislador en el tipo de entre las conductas existente en la realidad.

Sin embargo, quizá siga siendo conveniente distinguir un concepto general de acción (por utilizar una terminología tradicional) del concepto de acción típica. En este sentido el concepto general de acción cumpliría la función de excluir aquellos actos o sucesos que no son fruto de un actuar humano (actos de la naturaleza o de animales) o que siéndolo no son voluntarios (actos reflejos, etc).

Así, el cada vez mas simplificado concepto general de acción tiene como función primordial la exclusión de aquellos movimientos corporales carentes del contenido mínimo de voluntad, al menos respecto a la realización o abstención del comportamiento, que caracterizan la acción del hombre como acción humana. Sólo este concepto mínimo de acción puede aplicarse con carácter general a todas las formas de tipicidad. Esta, sin embargo, habrá de reunir características distintas según que se trate de una acción dolosa, una acción imprudente, una omisión dolosa o una omisión imprudente.

Junto a este elemento previo, que analizaría con carácter general los requisitos esenciales del comportamiento para ser calificado como humano y propio de sujeto que lo realiza en el sentido de dependiente de su personalidad, se analizaría, dentro de la tipicidad, la acción típica, que describiría el concreto comportamiento exigido por los tipos de la parte especial, que se relacionaría con el resultado -en su caso mediante una relación de causalidad- y sobre la que se fundamentarían los demás elementos del delito.

Así pues, tres serían las variables que inciden en la imputación de una acción (en sentido amplio) y que requieren específicos criterios de imputación en el ámbito objetivo y, como consecuencia, en la estructura del tipo: acción, omisión, imprudencia. El dolo no es una variable, porque es un elemento subjetivo y actúa como criterio de imputación en el tipo subjetivo. La diferencia entre delito imprudente y delito doloso afecta según la doctrina tradicional al ámbito subjetivo. Pero la distinción entre acción típica dolosa y acción típica imprudente no se limita a la concurrencia o no de dolo en el ámbito subjetivo, sino a que la tipicidad objetiva de uno y otro presenta ya elementos diferenciadores. Y sobre todo las reglas, requisitos y fundamentos de la imputación de uno u otra conducta son esencialmente distintas.

Se puede concluir por tanto, que la imputación objetiva debe ser ubicada sistemáticamente en el campo de la antijuridicidad pues es allí donde surgen los criterios valorativos por los cuales una determinada conducta puede ser atribuida a un sujeto y de la cual puede luego ser responsable penalmente.

Simplemente como comentario, para concluir, el análisis de los fallos emitidos por los tribunales del país permiten comprobar que la imputación objetiva no ha tenido aun desarrollo ni aplicación, es más ni siquiera ha sido considerado, prueba de ello resultan los procesos penales que se inician en uno de los delitos imprudentes más comunes como son los accidentes de tránsito, donde el que sufre las consecuencias y la sanción correspondiente es simplemente el transportista y no se toma en consideración la responsabilidad que para que concurra el hecho haya tenido el pasajero o el peatón. Esta conclusión parece surgir incluso de la propia redacción del Art 2612 del Código Penal,

Bibliografía

DERECHO PENAL – Parte General –  Günther Jakobs -Marcial Pons. Ediciones Jurídicas S.A. Madrid 1995

SUBJETIVISMO E IMPUTACIÓN OBJETIVA EN EL DERECHO PENAL – Marcelo A. Sancinetti – Universidad Externado de Bolivia – Centro dse Investigaciones de Derecho Penal y Filosofía del Derecho 1996.

IMPUTACIÓN OBJETIVA – Bustos Larrauri – Editorial Temis S. A. Colombia - 1998

 

 

Cita: Fernholz Ruiz, Enrique: Imputación objetiva: breve enfoque de su problemática. Rev. Dig. Acad. Bol. Cienc. Jurid. Penal, (en linea) RD.ABCJP Nº2 06-2008 Disponible en Internet : http://www.nunezdearco.net/ABCJP/R.D_2_fernholz.htm ISSN   1999-5377
 


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